Lo que la ciencia dice (de verdad) sobre las cetonas y la salud

En los últimos años, las cetonas han pasado de ser un concepto casi exclusivo del ámbito clínico a convertirse en protagonistas del discurso popular sobre nutrición y rendimiento. Dietas cetogénicas, ayuno intermitente, suplementos de cetonas exógenas… todo parece apuntar a que estamos ante una “herramienta metabólica” con gran potencial.

Pero, ¿qué dice realmente la ciencia hasta ahora?

La respuesta es más interesante —y más matizada— de lo que suele verse en redes.

Las cetonas: mucho más que una moda nutricional

Aunque muchas personas conocen las cetonas a través de la dieta cetogénica, lo cierto es que forman parte de la fisiología normal del organismo.

Las cetonas (principalmente beta-hidroxibutirato, acetoacetato y acetona) se producen en el hígado cuando hay una baja disponibilidad de glucosa, como ocurre en situaciones de:

  • Ayuno

  • Ejercicio prolongado

  • Restricción de carbohidratos

  • Algunas enfermedades

Su función principal es actuar como fuente alternativa de energía, especialmente para el cerebro, que no puede utilizar directamente los ácidos grasos.

Pero aquí viene lo interesante:
las cetonas no solo son combustible, también son señales metabólicas.

Actualmente sabemos que pueden participar en:

  • Regulación de la inflamación

  • Modulación del estrés oxidativo

  • Expresión génica (epigenética)

  • Comunicación entre órganos

Eso sí: gran parte de estos efectos aún está en investigación y no podemos extrapolar conclusiones definitivas.

No todo lo relacionado con cetonas es positivo

Históricamente, las cetonas se asociaron con un estado patológico: la cetoacidosis diabética, especialmente en personas con diabetes tipo 1 no controlada.

En este contexto:

  • La falta de insulina impide regular la producción de cetonas

  • Se acumulan en sangre

  • Provocan acidosis metabólica (potencialmente mortal)

Por tanto, es clave entender algo:
No es lo mismo cetosis fisiológica que cetoacidosis.

La primera puede ser una adaptación metabólica; la segunda es una urgencia médica.

¿Qué aplicaciones clínicas se están investigando?

Aquí es donde la ciencia se está moviendo con más interés.

Investigadores, especialmente en Canadá, están explorando cómo la manipulación del metabolismo de las cetonas —ya sea mediante dieta o fármacos— podría influir en distintas enfermedades.

1. Epilepsia resistente a fármacos

Es uno de los campos con mayor evidencia.

  • La dieta cetogénica y, más recientemente, los suplementos de cetonas

  • Han demostrado reducir la frecuencia de convulsiones

  • Especialmente en pacientes que no responden a medicación

Este es, a día de hoy, el uso más consolidado.

2. Enfermedades cardiometabólicas

Se está estudiando su impacto en:

  • Diabetes tipo 2

  • Hipertensión

  • Enfermedad coronaria

Algunas líneas de investigación sugieren que modificar el uso de cetonas por los tejidos podría:

  • Mejorar el control de la glucosa

  • Optimizar la eficiencia energética celular

Incluso se están desarrollando fármacos que cambian cómo los músculos utilizan las cetonas frente a la glucosa.

Resultados prometedores… pero aún en fases experimentales.

3. Salud cardiovascular e insuficiencia cardíaca

Un área especialmente interesante.

Algunos estudios sugieren que el corazón en insuficiencia cardíaca podría beneficiarse de las cetonas como combustible alternativo más eficiente.

Además:

  • Se están realizando ensayos con suplementos de cetonas

  • En pacientes que toman fármacos como Ozempic, Wegovy o Rybelsus

  • Para evaluar su efecto protector sobre el músculo cardíaco

Aún no hay conclusiones firmes, pero es un campo en expansión.

¿Y el rendimiento deportivo?

Aquí es donde hay más ruido… y menos claridad.

Los suplementos de cetonas se han popularizado como potenciadores del rendimiento, pero la evidencia muestra:

  • Resultados mixtos

  • Beneficios inconsistentes

  • Mayor efecto en atletas entrenados que en población general

Además, presentan limitaciones importantes:

  • Coste elevado

  • Efectos gastrointestinales

  • Beneficio de corta duración

No son, ni de lejos, la “solución mágica” que a veces se vende.

¿Sirven para el cerebro, la inflamación o el envejecimiento?

Es una de las áreas más prometedoras… y también más sobreinterpretadas.

Aunque existen estudios que apuntan a posibles beneficios en:

  • Neuroprotección

  • Enfermedades neurodegenerativas

  • Inflamación crónica

La realidad es que la evidencia clínica en humanos sigue siendo limitada o contradictoria.

Conclusión: potencial real, pero con mucha prudencia

Las cetonas representan una herramienta metabólica fascinante, con aplicaciones clínicas reales en algunos contextos (como la epilepsia) y un gran potencial en investigación.

Pero también es importante ser claros:

  • No son una solución universal

  • No todos los beneficios observados en laboratorio se trasladan a la vida real

  • Su uso indiscriminado, especialmente en forma de suplementos, no está justificado

La ciencia está avanzando, pero aún no ha dado respuestas definitivas.

Reflexión final 

Como bióloga y nutricionista, creo que el enfoque más sensato no es obsesionarse con “estar en cetosis”, sino entender cuándo, cómo y para quién puede ser útil este estado metabólico.

Porque en salud, el contexto siempre importa más que la tendencia.

Siguiente
Siguiente

No todas las disbiosis vaginales se presentan igual